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Por qué los milenios no pueden comprarse una casa

Los precios de la vivienda en el sur de California ascendieron el mes pasado; los expertos sostienen que los salarios necesitan crecer también para igualar el alto costo de la vivienda.

Los precios de las viviendas y las deudas de préstamos estudiantiles siguen aumentando, mientras los salarios permanecen estancados. Pero según un millonario australiano, ésa no es la razón por la cual los milenios renuncian a tener su casa propia, sino por las tostadas de aguacate.

“Cuando yo estaba intentando comprar mi primera casa no consumía puré de aguacate por $19 dólares y cuatro cafés al día por $4 cada uno”, afirmó el magnate inmobiliario Tim Gurner, en la versión australiana del programa “60 Minutes”. “Las expectativas de los jóvenes son muy, muy altas”, continuó Gurner. “Quieren comer fuera todos los días, quieren ir a Europa cada año”.

Entonces, ¿los jóvenes están realmente desperdiciando su futuro financiero en tostadas gourmet? Tres expertos dieron su opinión.

“En realidad no”, señaló Greg McBride, analista financiero principal de Bankrate.com.

“Obviamente no”, aseguró Helaine Olen, columnista de finanzas personales de Slate y autora del libro “Pound Foolish: Exposing the Dark Side of the Personal Finance Industry”

“Es absolutamente cierto”, dijo por su parte G.U. Krueger, economista de vivienda que reside en L.A., quien ha realizado investigaciones para los asesores del Sistema de Retiro de Empleados Públicos de California y otros inversionistas. Luego se echó a reír: “Estoy bromeando”.

En el condado de L.A., el precio medio de una casa era en febrero pasado de $525,000. Si uno ahorra los $19 dólares que hipotéticamente gasta en tostadas de aguacate cada día, la suma sería de $6,935 al año. Para ahorrar el 20% del pago inicial recomendado para esa casa promedio sería necesario renunciar a tostadas diarias por más de 15 años (suponiendo, además, que mágicamente puede comer otros alimentos gratuitos en lugar de ellas).

Los milenios tienen mala reputación cuando se trata de sus hábitos financieros, explicó Krueger. Hay una percepción de que son mimados y que se sienten con derechos cuando, en realidad, son más frugales y a nivel financiero más prudentes que la generación de sus padres.

Contrariamente a la afirmación de que los milenios prefieren gastar su dinero en viajes y comidas fuera que en ahorrar para una casa, McBride, de Bankrate.com, señaló que esta generación “tiene las mismas preferencias por los bienes raíces que cualquier otra persona”. “Hay un error común respecto de los milenios y sus hábitos financieros, que los datos reales no apoyan”, continuó. “La idea de que son derrochadores, que se inclinan por los gastos frívolos. Los datos que tenemos demuestran lo contrario”.

En sitios como el sur de California, las casas nuevas no se construyen con la idea de venderlas a compradores de primera vez. Los desarrolladores son mucho más propensos a buscar los mercados de lujo y de alta gama, en lugar de construir casas para propietarios novatos. El estado fue recientemente clasificado como el más complejo en los EE.UU. para los primeros compradores.

Después de sentirse atemorizados por la recesión y sentir las reverberaciones de ésta en forma de salarios planos y altas deudas de préstamos estudiantiles, Krueger, el analista de vivienda, afirma que sus investigaciones demostraron que los milenios finalmente están comenzando a entrar en el mercado de la vivienda en mayor número. Que un millonario los reprenda acerca de sus gustos por las tostadas y el café, advirtió, “no es justo”.

En su libro”Pound Foolish”, Olen, exreportera de L.A. Times, entra en detalles acerca del “factor latte”. Básicamente, culpar a las personas por gastar unos pocos dólares al día en cafés (o tostadas de aguacate, o algún otro pequeño lujo) es mucho más fácil que enfrentar los problemas estructurales reales que impiden que la gente ahorre dinero para una casa.

Esto ha ocurrido desde la década de 1990, cuando “Smart Women Finish Rich” (Las mujeres listas terminan siendo ricas), de David Bach, presentó la idea de que las mujeres estaban desperdiciando ahorros por $2 millones de dólares en cafés y bizcochos; otra idea que Olen desmiente en su libro. Para la especialista, se trató de un concepto equivocado entonces, y lo sigue siendo hoy en día.

Gurner, quien inició esta nueva ronda de culpar a las víctimas financieras, comenzó su negocio con un préstamo de $34,000 dólares australianos que le hizo su abuelo, según 9 News, de ese país. “Es decir que, claramente, no renunció a las tostadas de aguacate”, ironizó Olen.

En ocasiones se responsabiliza al café y los bocadillos por comerse el futuro financiero de las personas; otras veces son los teléfonos celulares u otros artículos que parecen lujos cuando, en realidad, son todo menos eso. Culpar las tostadas de aguacate es sólo un giro milenio de esa idea, expuso la especialista.

El factor latte aparece tan a menudo porque se alinea muy bien con creencias tanto liberales como conservadoras, señaló Olen. Según ella, los liberales creen que la gente es demasiado materialista y gasta mucho en lujos, mientras que los conservadores sostienen que la gente pobre no es merecedora de esos lujos. De cualquier forma en que se lo mire, moralizar el dinero gastado en bocadillos funciona muy bien con esas narrativas. “Es más fácil echar la culpa que abordar el verdadero problema”, finalizó.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta historia en inglés haga clic aquí

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Fuente: Hoy Los Angeles

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