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Exindocumentado se graduará como doctor en UCLA

Durante tres días, Joe Torres y su hermano Mike caminaron por un desierto que hervía de calor. Estaban decididos a llegar a Estados Unidos para reunirse con sus padres. Dos décadas más tarde, el 1 de junio, Torres caminará por un sendero muy distinto, el pasillo de los graduados para recibir su diploma de médico en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Días más tarde, recibirá un segundo certificado, su maestría en políticas públicas. “Mi meta es servir a la gente de mi comunidad, a los latinos, los inmigrantes, los que menos tienen; y ayudar a acabar con las disparidades para acceder a los servicios médicos”, asegura.

La educación

Torres vino a los 8 años del pueblito Laguna de Farfán, en Veracruz, al sur de México. “Crecí en Covina. Mi padre trabajaba en una fábrica de verduras”, cuenta. Cuando terminó la secundaria, llegó el momento de decidir si iba a la universidad, o si iría a trabajar  como su padre y su hermano. Optó por la educación. “Sin documentos, mi única opción era ir al colegio comunitario. En 2001, la colegiatura para los residentes era por cerca de 11 dólares por unidad, pero como no tenía un número de Seguro sScial, me salía alrededor de 160 dólares porque me consideraban un estudiante internacional”,recuerda.
Para su fortuna, en 2001 el gobernador Gray Davis firmó en ley la medida AB40 que permite a los estudiantes indocumentados graduados de la secundaria en California pagar las mismas colegiaturas que los residentes.  “Para el segundo semestre, ya pude pagar como un residente en el colegio comunitario Mt. San Antonio ”, cuenta. “Si no hubiera sido por esa ley, no sé cómo le hubiera hecho”, comenta.

Los obstáculos no lo detienen

Al principio quería ser un escritor de deportes y estudiar comunicaciones, pero un amigo le recomendó tomar un curso de premedicina. “Resultó que salí muy bueno para las ciencias. Empecé a ser voluntario en hospitales y me di cuenta que disfrutaba mucho al ayudar a la gente. Pensé entonces, ¿por qué no estudiar para ser doctor?”, comenta.
Aunque la idea le gustó mucho, el costo de la carrera lo puso nervioso. Así que se propuso ir paso por paso y averiguar en el camino. Reconoce que ser indocumentado le significó encontrar muchas barreras, pero tenía bien claro que quería desarrollar todo su potencial. “Cuando creces como indocumentado, sientes que no perteneces aquí, que no eres lo suficientemente bueno y que te van a descubrir en cualquier momento”, admite. Tanto era el temor en su familia por no tener papeles, que sus padres Bernardo y Eleuteria Torres decidieron regresar a México cuando él tenía 17 años. “Yo me quedé con Mike, mi hermano mayor. Fue muy duro. A veces no tenía para pagar la colegiatura. Pero siempre salía alguien que me ayudaba o me prestaba dinero. A todos les he devuelto lo prestado, menos a mi hermano”, dice.
En 2006, se graduó de la carrera de biología en UCLA. En 2008 se casó. Ya lleva 10 años de casado y dos hijos, Sonny de 4 años y Gianni de 2.

Se arriesgó y ganó la residencia

Fue a través de su matrimonio que arregló su estatus migratorio. Su esposa Lía es ciudadana estadounidense. Sin embargo, no fue fácil. Como no tenía una entrada legal al país se vio obligado a ir a Ciudad Juárez para una entrevista migratoria. “Mis posibilidades eran 50-50 de que me aprobaran la residencia en Juárez o me pusieran un castigo de 10 años para no regresar. Decidí tomar el riesgo. Era mi única posibilidad.  Y lo logré. Me dieron la residencia en 2010. Fue uno de los mejores momentos de mi vida. Lo había esperado tanto. Sentí como si mis alas se extendieran”, dice feliz al revivir el momento. Entró a estudiar medicina en 2013. “Estudiar ya como residente legal de EEUU es como de la noche al día. Primero porque ya podía recibir ayuda financiera y no sentía más la amenaza de que me fueran a detener en cualquier momento. Dos veces ya me habían arrestado por no tener licencia de manejo y hasta me quitaron un carro”, rememora.
En 2016, se convirtió en ciudadano. “Fue un momento grande en mi vida porque estaba estudiando medicina y aprendiendo sobre las políticas de gobierno”, dice. A sus 34 años, se va a graduar como doctor  y con una maestría en Políticas Públicas. “Me siento muy bendecido. En cada paso que dí, siempre se abría una ventana de oportunidad para que pudiera llegar a graduarme como doctor, simplemente gente que me inspiraba y ayudaba a llenarme de energías para seguir adelante”, sostiene satisfecho.

El programa PRIME

Uno de sus mentores en UCLA, el doctor Gerardo Moreno, dice que Torres es el perfecto ejemplo de un estudiante que se acomoda a la misión del programa PRIME, por sus experiencias personales, su pasión y su compromiso por hacer cambios en las comunidades. PRIME es un programa de cinco años de UCLA para los estudiantes de medicina que al mismo tiempo hacen una maestría en políticas públicas, salud pública o negocios, explica.
Se trata de un programa de liderazgo para médicos como Torres que quieren enfocarse en ayudar a la población menos privilegiada. “Cada año, desde hace 10 años, solicitan su ingreso miles de estudiantes, pero solo 18 son aceptados. Torres ha sido uno de ellos”, precisa Moreno, director de PRIME.

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