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Histórico acuerdo entre EEUU y Corea del Norte afronta enormes desafíos

El histórico acuerdo pactado este martes en Singapur entre el presidente Donald Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un, para la desnuclearización de la península norcoreana, afronta un camino sembrado de desafíos, optimismo cauto, y recelos mutuos, según expertos. El acuerdo de cuatro puntos, pactado con un apretón de manos tras una “cumbre” de casi cinco horas, carece de detalles y cronograma, y no abarca en absoluto el tema de los derechos humanos en Corea del Norte,  pero marca un hito en las tensas relaciones entre Washington y Pyongyang y allana el camino hacia el desarme nuclear. La cumbre sin precedente marcó un giro de 180 grados en las relaciones entre Trump y Kim, que hasta hace poco habían intercambiado motes e insultos. “Vamos a resolver un problema muy grande y muy peligroso para el mundo”, dijo Trump ante las cámaras.

El apretón de manos en el Hotel Capella, en la Isla Sentosa, dejó atrás las referencias de Trump a Kim como “hombre cohete”,  y el líder norcoreano obtuvo, a cambio de declaraciones aparentemente ensayadas,  aires de legitimidad ante el mundo.

Lo que pactaron en el acuerdo bilateral

Como parte del acuerdo, ambos países suscribieron cuatro compromisos: el establecimiento de relaciones diplomáticas, para promover la paz y prosperidad en la región; un nuevo rumbo en la relación bilateral para  “construir una régimen de paz duradera y robusta en la península coreana”; esfuerzos para el completo desarme nuclear en la zona, y la repatriación de los restos de prisioneros de guerra y desaparecidos en acción estadounidenses. Trump ofreció “garantías de seguridad” a Corea del Norte y, a cambio, Kim Jong-Un “reafirmó su firme e inquebrantable compromiso hacia la completa desnuclearización de la península coreana”, reza el documento.
A cambio de que Kim abandone sus ambiciones nucleares, Trump ofreció, posteriormente a la firma, promesas de poner fin a los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur.  EEUU tiene 28,500 soldados en Corea del Sur, y el anuncio de Trump de eventualmente retirarlos tomó por sorpresa al Pentágono. Durante una rueda de prensa de poco más de una hora, Trump dijo que trató el tema de las violaciones de los derechos humanos en Corea del Norte y “estaremos haciendo algo al respecto”. Trump afirmó que los norcoreanos en campos de prisión conforman, de hecho, uno de los “grandes ganadores” del encuentro.

Un “acuerdo vago”

Apagadas las cámaras y los reflectores y tras la difusión de la foto protocolaria sin precedente –que ambos mandatarios exprimián al máximo de cara a la opinión pública-, falta ver si el acuerdo produce resultados concretos a largo plazo. En ese sentido,  Kelly Magsamen, vicepresidenta de asuntos de seguridad nacional y política exterior del Centro para el Progreso Estadounidense (CAP), afirmó que, aunque se trata del inicio de un importante proceso diplomático, es urgente establecer un mecanismo para asegurar que Corea del Norte cumple sus promesas.
Es un  “vago acuerdo” amplio en confianza que se queda corto en “detalles y verificación” del desarme nuclear, y es menos riguroso que acuerdos antes pactados por Pyongyang en 1994 y 2005, señaló Magsamen. La experta, quien criticó los elogios de Trump hacia Kim, consideró que el éxito del acuerdo se medirá conforme EEUU garantizar su seguridad y la de sus aliados, pueda reducir la amenaza nuclear de Corea del Norte, y proteja los intereses de Estados Unidos a largo plazo en Asia.
La respuesta de los republicanos en el Congreso ha sido tibia y algunos conservadores, como el comentarista Brit Hume o el estratega Steve Schmidt, expresaron consternación por un acuerdo con un “dictador”, del que Trump solo arrancó “promesas huecas”. “Demos a Corea del Norte 30 días para negociar un acuerdo de que abandona sus armas nucleares… también dejemos en claro qué pasará si no ofrece un plan sobre el papel para deshacerse de sus armas nucleares. Washington no tendrá más opción que incrementar drásticamente las sanciones” contra Pyongyang, aconsejó Harry J. Kazianis, experto en Corea del Norte y director de estudios de defensa del Centro para el Interés Nacional en Washington.  La líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, también criticó que,  a su juicio, Trump haya actuado “deprisa”, sin consultar a los expertos, y haya hecho concesiones sin una vía “clara e integral hacia la desnuclearización y no proliferación. “Los millones de familias que viven con el temor a las armas nucleares en la región merecen un liderazgo firme e inteligente, construido sobre la diplomacia y el acercamiento con nuestros socios y aliados regionales. La marginación de la vasta experiencia del Departamento de Estado por parte del presidente, y su habitual desdén de nuestros aliados, como mostró en el foro del G-7, impide una vía duradera y estable hacia la paz”, manifestó Pelosi.

Comienza la tarea dura 

Los detalles del acuerdo quedarán en manos de los expertos y negociadores en ambos lados, que realizarán consultas de seguimiento “a la brevedad posible”.  Del lado estadounidense, la tarea recaerá sobre el secretario de Estado, Mike Pompeo, según la declaración conjunta.
El acuerdo, claro está, exigiría enormes concesiones de parte de Corea del Norte, que a pulso de enormes inversiones militares a lo largo de décadas –y sacrificios para un país plagado de hambre- logró hacerse con un arsenal de  entre 10 y 35 cabezas nucleares, posiblemente hasta 60,  según un análisis de CAP.  Esas bombas tiene un poder de destrucción entre 10 y 25 kilotones,  el equivalente de las bombas que arrojó EEUU en Hiroshima and Nagasaki.
El documento no hace mención de una desnuclearización “completa, verificable e irreversible”, la meta precisada por Washington, y el líder norcoreano en realidad no expandió los compromisos anunciados ya el pasado 27 de abril. Trump, quien se precia de ser un habilidoso negociador, prometió que EEUU otorgará “garantías de seguridad”, pero nada le garantiza que Kim no reactive su programa para seguir construyendo bombas nucleares aún si destruye su centro de ensayos atómicos. Se calcula que el gobierno de Pyonyang invierte unos $10,000 millones a la defensa, o el 25% de su gasto fiscal, y tampoco está claro por ahora que destruirá –con un costo también multi-millionario- su extenso arsenal de misiles intercontinentales para transportar las bombas.   Fuente: La Opinion

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