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Su padre fue deportado y ella lucha por salir adelante

Jacqueline Ochoa recuerda que tenía unos 9 años de edad cuando su padre la llamó para decirle que estuviera lista a las 6:00 de la mañana porque la iba a llevar al parque. “Yo pensé a las 6 de la mañana no hay gente en el parque”, recordó Ochoa, de 16 años. “Después manejamos como dos horas y es cuando vi que ¡el parque era Disneyland! Yo estaba muy feliz”, añadió con una sonrisa que le hace recordar ese momento como si fuera ayer. “Fue la primera y la única vez que he ido a Disneyland”, aseveró la hija de madre salvadoreña y padre mexicano. Antes de ese paseo, su padre la visitaba cada cierto tiempo. “Nos íbamos a comer o al centro comercial. Él era chofer de camiones y por eso no lo podía ver muy seguido”, dijo la joven. Sin embargo, la dicha de una buena relación de padre e hija se fue disipando a finales del 2016 cuando Ochoa no sabía que ocurría, pero su padre ya no la llamaba ni la iba a visitar.

La deportación

En enero de 2017 mientras Ochoa hacía compras con su madre, recibió una llamada de su padre.
“Me llamó para despedirse. Me dijo que se tenía que regresar a México”, relató. “Me quedé callada. Estaba enojada, no entendía por qué pasaba esto y por qué tenemos este sistema legal”. Poco después la mamá de Ochoa le contó que desde mediados del 2016 su exesposo – cuyo nombre Ocho no quiso revelar- recibió una carta de deportación. Esto sucedió tras su intento por legalizar su situación. “No hicieron bien [el trámite] y después mi papá recibió la notificación [de deportación] pero no me quisieron decir porque yo estaba en la escuela”, dijo Ochoa.
Su padre, cansado de esconderse de las autoridades de inmigración y después de vivir casi 30 años en el país, decidió regresar a su natal México sin apelar su caso. “Él dijo que se iba a ir porque no quería luchar. Sabía que si lo hacia corría el riesgo de ser encarcelado como tres meses y después sería deportado de todas maneras”, dijo Ochoa.

Otra deportación

Ochoa, quien es estadounidense, dijo que conoce el complejo sistema de inmigración desde que tenía unos 5 años. En ese entonces su madre estaba arreglando su situación migratoria y tuvieron que salir del país. “Yo me fui con mi mamá a El Salvador para esperar su residencia”, dijo Ochoa. Años después enfrentó indirectamente la deportación de su padre y al poco tiempo la deportación de su padrastro, quien también era indocumentado.
“Él [padrastro] es de El Salvador y sí luchó por su caso, pero de todos modos lo deportaron”, dijo Ochoa, quien tiene un hermano de 11 años y dijo que extraña a su padre. “Mi hermanito llora mucho y me pregunta por qué no esta aquí su papá. Esto que pasa no es justo”, dijo Ochoa.
Estos casos complejos mecanismos migratrios en lugar de debilitar a Ochoa la han motivado para querer estudiar leyes con énfasis en inmigración. “Quiero ayudar a otras familias inmigrantes. Yo veo otros niños inmigrantes que están peor que yo. En YouTube se ven los videos donde los llevan a corte y les preguntan si tienen abogados”, dijo Ochoa. “Si yo que soy ciudadana no me ayudan, ellos están peor”. Otro plan de Ochoa es legalizar a su padre después que cumpla el castigo de 10 años de prohibición de entrada al país.

Un problema común

Michelle Sifuentes, consejera académica del programa educativo Gear Up 4 LA – al cual asiste Ochoa dentro de la escuela STEM Academy of Hollywood – dijo que el tema de la inmigración es muy común en el plantel. “Casi cada otro día vienen, si no son estudiantes son padres para hablar con nosotros y compartir sus historias relacionadas a inmigración”, dijo Sifuentes. Ella y los demás consejeros se enfocan en escucharlos y aunque no pueden darles terapias psicológicas, sí pueden alentarlos para continuar luchando. “Yo les comparto mi historia, mis padres fueron indocumentados por mucho tiempo y tengo familiares indocumentados. Eso hace que se sientan identificados”, dijo Sifuentes. “Después les pregunto cómo están ellos y algunos se sienten mas cómodos para hablar”. Sifuentes dijo que los jóvenes que enfrentan el tema de la inmigración en sus hogares usualmente tienden a ser más distraídos.
“Ellos no solo piensan en la escuela, pero también ya piensan en el trabajo, en cómo van a ayudar a sus padres”, explicó la consejera. Cuando el caso del estudiante es más complejo, los consejeros de Gear Up 4 LA se encargan de referirlos a los consejeros de la escuela para que puedan enviarlos con psicólogos.

Mantiene la comunicación

Por ahora Ochoa dijo que se enfoca completamente en sus estudios y trata de no pensar mucho en la separación con su padre. Cada dos o tres semanas intentan hablar por video chat de Facebook. “Hablamos casi de noche porque es cuando él no esta en el trabajo y yo ya no estoy en la escuela”, dijo la joven. Mientras tanto ella recomienda a jóvenes en una situación similar que no pierdan enfoque en su educación.
“Aunque nuestros padres no estén con nosotros en persona, siempre estamos en sus corazones”, dijo Ochoa.   Fuente: La Opinion

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